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sábado, julio 07, 2018

5 espeluznantes casos de personas enterradas vivas


La catalepsia, también conocida como “muerte aparente”, es un trastorno repentino en el sistema nervioso caracterizado por la pérdida momentánea de la movilidad (voluntaria e involuntaria) y de la sensibilidad del cuerpo. Es un estado biológico en el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte y sin signos vitales, cuando en realidad se encuentra viva en un estado que podría ser consciente o inconsciente, lo que puede a su vez variar en intensidad: en ciertos casos el individuo se encuentra en un vago estado de conciencia, mientras que en otros pueden ver y oír a la perfección todo lo que sucede a su alrededor.

La catalepsia (vocablo cuyo origen son dos palabras griegas que significan “casi muerto” ) puede observarse en pacientes que sufren epilepsia, mal de Parkinson, histeria, esquizofrenia y otros tipos de psicosis, y aunque presenta todas las características de un deceso, no lo es. Su estado se puede presentar por minutos, horas o varios días en los casos extremos.

Lo realmente inquietante de este trastorno radica en que la persona afectada puede ser sepultada estando aún con vida y despertar en cualquier momento. En un número de casos no determinado, de hecho, este fenómeno llevó a enterrar a personas que aún estaban con vida, pero no demostraban signos vitales. Entre 1870 y 1910, concretamente, hubo un miedo generalizado a ser enterrado vivo, creándose los llamados “ataúdes de seguridad” con banderas, respiraderos o campanas. Aunque todavía hay casos documentados de catalepsia, los avances tecnológicos han hecho casi imposible que un individuo sea enterrado hoy en estado cataléptico, pues en la actualidad sólo basta que un electrocardiograma o un electroencefalograma puedan confirmar la muerte de alguien con facilidad.

Sin embargo, a lo largo del tiempo, la ciencia pudo constatar, a través de la exhumación de cadáveres, que ciertamente muchos seres humanos fueron sepultados vivos, después que los médicos acreditaran su respectiva muerte. Estos son algunos de los casos más dramáticos y sorprendentes:

Las crónicas inglesas más antiguas cuentan que en 1661, en Londres, un carnicero del barrio de Newgate Market llamado Lawrence Cawthorn “murió” luego de estar un tiempo enfermo. La propietaria de la casa en la que el supuesto occiso vivía estaba ansiosa por sepultarlo, ya que la ley le permitía heredar todas sus posesiones, por lo que lo enterró rápidamente, sin la consulta de un médico. Cuando los amigos del carnicero visitaron la tumba comenzaron a escuchar desesperados y desgarradores gritos que provenían desde el interior del ataúd. Cuando lograron abrir el féretro, Cawthorn ya estaba muerto. Sus ojos estaban completamente hinchados y su cabeza estaba bañada en sangre producto de los cabezazos que el hombre se había dado para tratar de salir del féretro. La prensa de la época lo calificó como “El accidente más lamentable y deplorable”.

En 1891 un extraño y desconocido virus azotó al poblado de Pikeville, en Kentucky, producido por la mordedura de una cierta mosca, ahora conocida como la mosca tsé-tsé, que trajo una enfermedad del sueño: las personas caían en una especie de estado de coma, aunque después de un tiempo volvían a despertar. Una de las habitantes de aquel lugar, Octavia Smith Hatcher, fue una de las primeras afectadas por la enfermedad. Fue declarada muerta el 2 de mayo de aquel año, y debido a que era una primavera extremadamente caliente, fue enterrada rápidamente en el cementerio local. Días después del fallecimiento muchas personas comenzaron a enfermarse de la misma manera que la mujer, por lo que su viudo sospechó que quizás se la había enterrado prematuramente, por lo que decidió desenterrar el cadáver. Cuando se abrió el féretro se comprobó que las uñas de la mujer estaban totalmente quebradas y bañadas en sangre, y el ataúd por dentro estaba totalmente arañado. La evidencia era obvia: la mujer, que todavía tenía una expresión de terror estampado en el rostro, había estado con vida al momento de ser enterrada. Su viudo, James Hatcher, antes de morir, pidió ser enterrado en un ataúd especial, que se abría por dentro, para no correr la misma suerte que su infortunada esposa.

En el año 1903 Rufina Cambaceres, una bella joven de la aristocracia argentina que el 31 de mayo de ese año se preparaba para festejar su cumpleaños número 19, fue encontrada por una sirvienta sin vida en su habitación. Los doctores dijeron que “se le había detenido el corazón”, por lo que decretaron oficialmente su muerte. Su desconsolada familia decidió no velarla y la sepultó en el mausoleo de la familia. Un día más tarde uno de los cuidadores oyó persistentes ruidos desde el interior, por lo que entró al lugar y encontró el féretro de Rufina levemente corrido de su estante, por lo que dio de inmediato aviso a su familia. Cuando se ordenó abrir de nuevo el ataúd, el cuerpo de la joven se encontraba de espaldas y con varios rasguños en su rostro, producto al parecer de la desesperación de encontrarse sepultada viva. Según informó la prensa trasandina, aquel fue uno de los primeros casos conocido de catalepsia en Argentina, y a contar de allí a los muertos se les comenzó a velar por un período mínimo de 24 horas.

En la República Dominicana, la popular bailarina Niurka Berenice Guzmán Reyes, de 23 años, fue sorpresivamente hallada muerta, presumiblemente debido a un infarto al miorcardio. Días más tarde, una amiga y compañera de su grupo de baile les dijo a la familia de la occisa que presentía que Niurka estaba viva. La madre le creyó y exigió la exhumación. Ante centenares de testigos el ataúd fue sacado del nicho y se confirmó que la joven estaba muerta, aunque presentaba evidentes signos de asfixia.

En 1987, un millonario de 39 años de Illinois llamado Stephen Small fue secuestrado y enterrado vivo en un lugar cercano al poblado de Kankakee. Sus captores, Danny Edwards, de 30 años, y su pareja, Nancy Rish, de 26, lo pusieron en una caja de madera contrachapada que contenía una luz conectada a una batería de automóvil, una jarra de un galón de agua, barras de caramelo, una linterna y un tubo conectado a la superficie por donde supuestamente debía entrar aire. Exigían, a cambio de rescate, el pago de 1 millón de dólares. Pero todo salió mal. La arena comenzó a bloquear el acceso de oxígeno, y Small murió asfixiado antes de que los secuestradores pudiesen cobrar el rescate. La policía logró dar con el cadáver gracias a que el lujoso automóvil Mercedes Benz del fallecido se encontraba cerca. Los dos responsables fueron capturados y sentenciados a presidio perpetuo.

sábado, julio 01, 2017

La resurrección de Loret Blackman


Basado al parecer en una leyenda real, circula para quién quiera escucharlo un cuento conocido como “El Despertar” que narra la resurrección de un “no muerto“, de un ser que fue enterrado como un cristiano para bloquear sus maléficos poderes, pero cuya resurrección fue profetizada. Sucedería, añade, a los cien años de permanecer bajo tierra y en ese momento volvería a la “vida” para recuperar su reino de terror. En este cuento hay también una protagonista femenina: Marlene, la redactora de una revista de sucesos paranormales en la Baja California.

Esta joven periodista, en un rutinario rastreo por Internet buscando historias, descubrió la leyenda de Loret Blackman, el vampiro. A menos de un día de su resurrección, la joven no pudo frenar su vocación periodística y, ni corta ni perezosa, decidió personarse en el lugar donde estaba enterrado el vampiro. Emocionada por la aventura en la que iba enfrascarse, convino invitar a su novio a que la acompañara. Éste, a regañadientes, aceptó el siniestro viaje, con la esperanza de que Marlene desistiera en el último momento.

De camino a la tumba de Loret Blackman, la pareja se percató de que estaban adentrándose en un terreno yermo y abandonado, inimaginable en sus peores pesadillas. No obstante, continuaron con el viaje. Caía la tarde del día señalado, y la pareja se adentró con su coche en las profundidades el mismísimo infierno. En una bifurcación de la abandonada carretera, estos tomaron un sendero que los conduce a la entrada de un pueblo, cuyo letrero de bienvenida rezaba lo siguiente: “Bienvenido a La Purísima”.

Circulaban a poca velocidad, enmudecidos ante tal espectáculo: las fachadas de las casas estaban totalmente cubiertas de polvo, en el aire se respiraba la más absoluta soledad… Sin duda, parecía que se encontraban en un pueblo fantasma. Acordaron rastrear el lugar a pie. Al llegar a la plaza, un sonido atronador, el de una campana, los asustó. El sonido provenía de la Iglesia del pueblo. Siguieron el estruendo hasta la pequeña edificación. Allí se encontraron a unos pocos habitantes que escuchaban atentamente al sacerdote, quien rezaba por el alma de los presentes, ya que un terrible suceso estaba a punto de sucederse.

Tras unos quince minutos en silencio, los pocos habitantes se marcharon en procesión hacia el cementerio. La pareja se acercó al sacerdote y permanecieron allí, expectantes.

Al caer la tarde, los testigos de la resurrección del vampiro emitían gritos de angustia y lloraban de terror. Incluso alguno imploraba a Dios que no permitiera esa atrocidad. Tras unos instantes de inusitada calma, un bandada de cuervos emprendió un cruel ataque contra los habitantes del pueblo. Marlene, única superviviente, permanecía petrificada por el pánico.

Finalmente, Loret Blackmen no se hizo esperar. Se levantó de su tumba, con su cuerpo putrefacto y con unas terribles ansias de chupar sangre. Marlene fue su primera presa. Mordió en su yugular para robarle las fuerzas a través de su sangre fresca. El novio de ésta, malherido, intentó atacar al vampiro, quien le atravesó al abdomen con una mano. Ella, horrorizada, lo vio morir.

jueves, junio 09, 2016

Yo no fui



Aproximadamente hace unas tres semanas y medía me despertaba bruscamente en medió de la noche a causa de una sensación extraña, ésa sensación de que alguien o algo te observa, a causa de esto me despertaba todas las noches, mi reacción eran siempre sobresaltos y unos extraños escalofríos que recorría todo mi cuerpo.

Por más de dos semanas de estarme despertando en la madrugada no veía más que la profunda oscuridad de mi cuarto, y así me la pasé horas de desveló tratando de conciliar el sueño, pero siempre que me quedaba profundamente dormir la misma sensación de que me observaban regresaba a los pocos minutos y me arrebataba el sueño que tanto me costaba conciliar; Hasta que una noche cuando me desperté no me sobresalte sino abrí mis ojos lentamente hasta que por fin lo vi, era el rostro de un ser humanoide con unos grandes y penetrantes ojos verdes fosforescente, de piel grisácea y grotesca, con una boca muy grande con dientes enormes como los de un sabueso que formaban una mueca muy rara, tenía pequeños y negruzcos pelos alrededor de su cara y parte de su cuerpo, también contaba con unas enormes manos esqueléticas como si fueran garras que se recargan sobre mi ventana, fue solo unos dos o tres segundos lo que lo vi antes de que se alejara de mi ventana y se agacharse y se perdiera de completamente de mi vista.

No pude ni moverme en varios segundos, pero cuando lo ice me acerqué a mi ventana lentamente con el afán de verlo una vez más, pero antes de llegar a mi ventana un temor me invadió y le grité a mi madre y a mi padre, los cuales acudieron a mi llamado, y cuándo les conté lo que avía visitó solo se vieron entre si y mi papá se asomó por la ventana verificando que no avía nada, después termino dándome un sermón sobre los videojuegos y los cómics, a los cuales yo no era muy apasionado, y regañándome de que desperté a mi hermano menor, claro que a mis diecisiete años mis papás no me hicieron tanto caso como yo quería, pero a hora creo que nadie me haría caso realmente, ¿Quién creería una cosa así?.

Después de lo que avía visto no pude dormir en varias noches, cada ruido o sombra me alteraban bruscamente y me mantenía en alerta toda la noche, solo pensar que ese ser fuera a aparecerse de nuevo me aterraba tanto que sentía como mi cuerpo temblaba y sudaba con el solo hecho de ver la ventana, haa… pero fue hasta que ayer en la tarde noche que después de mucho trabajó en la escuela y los estudios para mis exámenes finales, además del intenso calor que hacía, que me quede profundamente dormido.

Fue un ruido el que me despertó, pero no un ruido como el de las noches pasadas, fue sin duda una especie de pisadas como pies descalzos en un suelo de mosaico, unas pisadas tan fuertes que me despertaron, y cuando fui abriendo mis ojos las pisadas estaban acompañadas de una especie de respiración forzada, como la que hacen los perros cuando tienen moquillo. Cuando me incorporé y deslice un poco las sabanas que me cubrían la cabeza, pude verlo de nuevo, era el mismo ser que yo avía visto asomándose por mi ventana días atrás, pero esta vez estaba saliendo de mi cuarto por la ventana, cosa que me causo un horror que no puedo describir ni siquiera en palabras.

Media un poco más de dos metros y se veía espantoso, horrendo, ante la poca luz que entraba a mi cuarto por mi ventana del poste de luz de la calle pude ver lo delgado y mórbido que era, los peños pelillos estaban en todo su cuerpo desnudo, era abismal lo que estaba frente a mí, quise gritar pero no pude me quede anonadado y no pude hacer más que verlo salir en un completo silencio y temblando de pánico que sentía solo con verlo.

En cuanto se marchó me quedé sin palabras solo reaccione cuando sentí como unas lágrimas se deslizaban en mi rostro, me pare lentamente y cuando llegué a unos centímetros de mi puerta sentí una humedad en mis pies descalzos que casi hacen que me resbalara y callera de espadas, al prender la luz mi sorpresa fue aterradora cuando vi un ligero charco de sangre que se metía por debajo de la puerta, llame a mis padres pero no tuve respuesta alguna, al abrirla di un gritó al ver un charco ligeramente más grande que recorría todo en el pasillo y al final de este charco se encontraba mi madre, me acerqué muy lentamente hacia ella temblando y con mis ojos empapados en lágrimas y al llegar hasta donde se encontraba su cuerpo di un grito tan fuerte y profundo que sentí que retuvo en cada rincón de mi casa, pues mi madre ya no era nada de lo que recordaba, su mandíbula junto con su garganta y pecho ya no se encontraban, solo era un cascarón vacío, y alrededor de ella se encontraba un enorme charco de sangre con muchos de sus órganos regados por todas partes incluso del techo caía grandes gotas de sangre, con lágrimas en mis ojos corrí hasta su habitación solo para encontrar a mi padre muerto recargado en una esquina del cuarto, el cual estaba matizado de rojo, el cuerpo de mi padre se encontraba con el abdomen destrozado y sus intestinos se encontraban en sus pies, su rostro parecía haber sido arañando pues sus ojos salían de sus cuencas y la piel de la cara le colgaba además le faltaba el brazo derecho.


Al ver tal cosa sentí un mareo muy grande que casi me desmayo pero lo único que pude hacer fue correr con mi rostro envueltos en lágrimas y casi sofocado por el nudo que tenía en mi garganta, resbale en el pasillo con la sangre de mamá y al pararme toda mi ropa estaba cubierta de su sangre. Por mi mente solo paso un pregunta, ¿Cómo es que no escuche nada de lo que paso?

Seguí corriendo hasta que llegue al cuarto de mi hermanito de 5 años y al abrir la puerta encontré solo una plasta rojiza y rosada en su pequeña cama con uno que otro hueso saliendo de ésta y vi su pequeña cabeza de mi hermanito que ya hacía alado de su cama, yo solo grite y me aleje de allí con dirección a al teléfono, pero en la sala avía un completo desastre como si alguien estuviera buscando algo, no distinguí el teléfono por ningún lado, pero si vi el brazo de mi padre con lo que parecía ser un cuchillo muy grande alado de un par de tripas regadas por la sala entonces escuché un ruido que venía de mi cuarto, ¿Era la ventana? Pensé, pero no avía olvidado cerrarla, eran unas enormes pisadas y un golpeteo muy fuerte, tome el cuchillo, que me costó trabajo zafar de entre los dedos del brazo mutilado de mi padre, y me escondí en una pequeña alacena que más bien parecía bodega la cual atore con una escoba de madera y me quede allí sollozando mientras abrazaba mis rodillas y pensado ¿Porque a mí no me avía matado?, alcancé a escuchar un gritó que parecía más un aullido como de un animal, un quejido que logro devastar la poca cordura que me quedaba.

No sé cómo me quede dormido, pero unos enormes golpes en la puerta de la alacena donde me encontraba me despertaron, no supe que hacer creí que esa cosa me avía encontrado y me mataría, solo sostuve el cuchillo muy fuerte y empecé a llorar y a gritar ¡FUE MI CULPA YO TUBE LA CULPA!, de pronto, unos policías lograron abrir la alacena, por el miedo de los golpes casi hiero a uno y me sacaron de allí bruscamente hacía una patrulla yo me encontré desconcertado sin saber que pasaba.

Yo sé que me encontraron manchado de sangre y con un cuchillo en las manos, que casi herí a un policía cuando me sacaron de la alacena y que toda la casa tiene mis huellas y pisadas con sangre además de que grite que fue mi culpa, pero le juró señor juez que esa es toda la verdad, por favor no me mandé a prisión, no lo haga se lo imploro por Dios, le juro que ¡QUE YO NO FUI!….
¡FUE LO QUE SE ASOMABA POR MI VENTANA!.