sábado, 14 de abril de 2018

Relatos desde la Morgue


Cuando llegue por primera vez a esa morgue, sentía que había algo y que no era normal, en mi vida había trabajado en tantos lugares y morgues diferentes, pero el ambiente en esa morgue se sentía muy pesada, sinceramente no me sentía bien en ese lugar, me habían contado tantas historias de terror sobre ese lugar, que los muertos se levantan a las 3 am, que puedes toparte con una anciana que ronda por el pasillo, que escucharas como los muerto hablan entre ellos.

Para mi esas cosas, eran puros cuentos, en toda mi carrera nunca había presenciado algo que en verdad me haya dejado sin aliento y eso que mi turno siempre había sido de noche, según cuentan es cuando mas pasan las cosas sobrenaturales o las almas rondan por el lugar.

Mi primer turno en esa morgue fue la peor, me pusieron de asistente a una chica, se veía muy distraída casi no estuvo conmigo, siempre salia sin avisar, no hablaba mucho, me dejaba sola incluso por unas horas y cuando regresaba me decía que estaba haciendo otras cosas que no era su trabajo.

Me moleste bastante ya que su trabajo era ayudarme y no andar haciendo otras cosas, no le dije nada ya que al otro día traería a mi asistente con el que había trabajado por años.

Eran mas de las 2:30 de la madrugada cuando mi asistente salio, le pregunte a donde iba, me dijo que ya casi era la hora….

Me quede extrañada, quizá era la hora en que descansaba, como nunca hable con ella, deje que se fuera.

Estaba realizando el informe de una chica, cuando vi la hora, eran las 2:49 y se me vino a la mente las historias que me habían contado sobre el lugar, se me escapo un suspiro, ya estaba cansada, así que tape el cuerpo con una sabana y me dispuse a descansar, tarde un poco en recoger mis cosas, cuando escuche que alguien se acercaba en el pasillo, pensé que era mi asistente, pero ella nunca mas apareció, me quede pensando en la anciana que ronda por el pasillo, me daba miedo encontrarla y es que no creía tanto en esas cosas,pegue un brinco cuando mi reloj sonó, indicando que ya eran las 3:00.

Sin darle importancia decidí salir de ese lugar, estaba a punto de hacerlo cuando de repente se apagaron las luces, una sensación de terror se apodero de todo mi cuerpo, empecé a escuchar voces, risas diabólicas por todos lados, encendí la linterna de mi teléfono y lo que vi me dejo helada, todos los cuerpos permanecían sentados sobre la mesa en el que estaban, casi me desmayaba, quise salir de ese lugar pero mi cuerpo no respondía, por unos segundos me quede observando como los cuerpos hablaban entre ellos…

Después de eso ya no supe nada, ya que al día siguiente amanecí en una de las salas del hospital,
nadie me pregunto que había pasado, al parecer todos ya sabían de lo que vi, al rato llego uno de los doctores, el mas veterano del lugar, sin preguntar nada me dijo:

–Se lo que viste, que mala onda de que te hayan dejado sola y sin avisarte nada

–¿De que habla doctor.?

–Hace tiempo llego una anciana grave al hospital, nadie supo de lo que padecía ya que le hicieron varios exámenes y no le encontraron nada, pero se veía bastante mal.

Paso unas noches en este hospital y en todas esas noches pedía a gritos que no la dejaran morir, una madrugada a las 3 para ser exactos, la anciana se dirigió a la morgue del hospital y con un bisturí mato a uno de los forenses y a una de sus asistentes, según supe la anciana había hecho un pacto con el diablo para salvarle la vida a una de sus nietas que padecía una enfermedad incurable.Cuando realizo el crimen la anciana ya estaba muerta y quien mato a los doctores fue el mismo diablo que utilizo el cuerpo de la anciana, por eso a las 3 el diablo viene a jugar con los muertos, haciendo que hablen, incluso hasta que se levanten.

–Me habían contado esas cosas pero yo no creía y la chica que me dejaron de asistente no me menciono nada.

–¿Que chica? aquí no hay ninguna chica de asistente.

–¿Como que no? era una chica distraída me dejaba sola a veces, casi no hablaba mucho.

–Niña, si yo fuera tu, ya no regresaría a esa morgue, la chica que dices seguramente es la misma que mato la anciana.

–No puede ser, si estuvo conmigo casi toda la noche.

–La morgue quedo embrujada desde ese día, ni la anciana, ni el doctor y su asistente han querido dejar este lugar….

Dicho esto El doctor salio de la sala y yo me quede pensado en que hacer si seguir trabajando o no en esa morgue, lo que vi me dejo traumada así que ya no quise volver mas.

En un Hospital de mi ciudad, necesitan un medico forense,que tenga el valor de trabajar después de las 3 am. Aún siguen esperando conoces uno tu?

sábado, 31 de marzo de 2018

La leyenda de las procesiones fantasmas


Según cuenta una leyenda de Colombia, en las cunetas de los caminos y senderos o en las proximidades de bosques y arroyos, se puede contemplar en ocasiones una procesión espectral compuesta de cuatro almas en pena que llevan lo que se conoce como "guando", especie de camilla mortuoria, sobre sus hombros. Aquellas personas que contemplen esta visión quedarán sobrecogidos por los monótonos y casi inteligibles rezos que estos costaleros entonan mientras caminan, causando una profunda pena en todo aquel que les vea.

El origen de esta leyenda se remonta a muchos años en el pasado y a un pueblo sin concretar en el que vivía un hombre extremadamente egoísta y malhumorado, ajeno al sufrimiento e infortunios de los demás. En las ocasiones en que un vecino del pueblo fallecía, este hombre de mal carácter se negaba en redondo a ayudar en el transporte del fallecido. Tal era su desinterés por esta tradición, que espetó a sus vecinos que el día en que falleciese no quería que nadie cargase su cuerpo, y que lo mejor sería que dejasen su cuerpo en una cuneta o lo lanzasen al río.

Y finalmente sucedió lo inevitable, y este arisco hombre falleció en soledad, pero sus vecinos poseían mucha más compasión que el difunto y acordaron hacerse cargo de su entierro. Tras construir un guando para él, trataron de levantar y colocar encima el cuerpo, pero tan pesado era el fallecido que los encargados de llevar el cuerpo debieron relevarse cada pocos metros para no desfallecer. Cuando andaban cerca del río el cuerpo pareció aumentar su peso de manera considerable, provocando que las tablillas de maderas del guando se partiesen y el difunto fuese a parar al agua junto con su camilla, donde desapareció de la vista de todos para no volver jamás, pese a los esfuerzos por recuperar el cuerpo.

Desde entonces y sólo en las vísperas de algún fallecimiento se puede contemplar el "guando" y a sus portadores, rezando incansablemente por el descanso de los que aun están por morir.

sábado, 17 de marzo de 2018

Ven a verme, Chris


Me encontraba mirando televisión, pasando de canales, hasta que recibo un mensaje de mi novia. “Ven a verme, Chris”. Hacía mucho no hablaba con ella, debido a que ocupa la mayor parte de su tiempo estudiando. Nos veíamos una vez por semana, o algunas semanas ni siquiera la veía.

Apagué la televisión. En aproximadamente 10 minutos ya estaba terminando de bañarme. Bajé los pisos del edificio y me tomé un taxi que encontré en la puerta. Llegué a destino. 10 euros. Pagué y me bajé, toqué el timbre de la casa de mi novia. No atendían. Golpeé la puerta, a ver si de esa forma podrían escucharme, en el caso de que el timbre se haya descompuesto. No hay forma, nadie atiende. Fui por la parte trasera y noté que estaba abierto. Entré lentamente.

La imagen que vi me dejó paralizado. Mi novia atada a una silla y alguien vestido de payaso, sosteniendo un cuchillo. Lentamente él pasaba el cuchillo por su cara, dejando caer unas cuantas gotas de sangre. Me escuchó. Mi corazón latía rápidamente. Tomé el teléfono para llamar a la policía, pero en cuanto lo tomé, él se encontraba a mi lado, con el cuchillo, y sonriendo.

Una maléfica sonrisa que a cualquier persona, dejaría traumatizada. Mi novia, con una soga en su boca, no podía hablar. Escuchaba sus sonidos de dolor. Me destruían. El payaso sostenía fuertemente el cuchillo, mientras lo acercaba a mi cara. Podía sentir ese aroma a sangre y el frío del metal. Movió de un lado a otro el cuchillo sobre mi cara, dejando el rastro de sangre de mi novia. No me hizo daño. Todavía nadie habló.

Con un gesto, invitó a que me sentara en la silla. No tenía otra escapatoria. O le hacía caso, o podría matarme. Me senté y tomó una soga mientras me ataba. ¿Cómo yo, podría reaccionar de esa forma? ¿No se me ocurría pegarle y salir corriendo, o salvar a mi novia? No.

Me sentó frente a mi novia, mirando a ella. Mirando su dolor. Sus heridas. Su sangre. Se acercó a ella. Pasaba nuevamente el cuchillo sobre su cara, cerca a sus ojos. Lo acercó al ojo derecho y lo puso frente a ella, a unos pocos centímetros. Lentamente lo acercaba más y más, hasta que lo tocó. Sentí su dolor. Su angustia. Como ese cuchillo traspasaba su piel y lastimaba su hermoso ojo color verde. Ahora era el turno del otro ojo, ¡como no! Lo acercó y repitió lo anterior. Sus ojos se veían destruidos y su sangre caía a montones, seguramente quedó ciega. Me detuve a pensar… ¿Ahora es mi turno?

Se acercó a sus labios. El cuchillo tocaba sus hermosos labios. Como si cortara un pedazo de carne, movía el cuchillo sobre su labio. Dejando caer pequeñas fetas de sus labios al piso. Los tomó y los dejó a un lado. Le sacó la soga a mi novia. La obligó a abrir la boca. Metió su cuchillo dentro. Tomó su lengua, y lentamente la cortaba. Podía ver que mi novia ahora no emitía ningún sonido de dolor. El payaso parecía disfrutarlo.

El cuchillo se le cayó al tomar la lengua. Se agachó a agarrarlo y dejó la lengua nuevamente a un lado. Agarró firmemente el cuchillo, mucho mas decidido que antes. La primera vez que lo escuché hablar. “¡Ay, pero cómo disfruto esto!” exclamó. Insertó fuertemente el cuchillo en su cuello dejándolo unos segundos ahí, parecía querer llegar hasta el fondo. El cuchillo salió por el otro lado. Lo dejó ahí. No hizo nada. De todo lo que había visto antes, esto no me impresionaba.

No sé porqué. El payaso dio la vuelta y me miró. Soltó una risa. “¡Pero qué afortunado eres, qué linda noviecita! ¡Disfruta con ella!” Sus palabras me paralizaron. Tomó su cuchillo, mientras se alejaba a la puerta. Lanzó el cuchillo hacia mi sin mirar. Cerró la puerta con llave y se fue. El daño que me hizo fue inmenso, además del cuchillo que cayó en mi cráneo dejándome inmóvil, atado a la silla, ver a mi novia muerta frente a mí me destruyó. En mi cabeza se repetían las palabras… “¡Pero qué afortunado eres!”

Desperté. Sudando. Casi llorando. Todo había sido una pesadilla, una maldita pesadilla. Me alivié al saber que todo eso no había pasado y era culpa de mi estúpida mente. Me bañé para sacarme todo ese sentimiento horrible de mi mente. Despejarme un poco. Terminé de bañarme.

Me encontraba mirando televisión, pasando de canales, hasta que recibo un mensaje de mi novia. “Ven a verme, Chris”.

sábado, 3 de marzo de 2018

La leyenda de las monedas de oro


Esta es una leyenda de terror típica de Córdoba. La historia trata sobre una antigua casa del centro de la ciudad que se dice está encantada y cuenta que en ella hace mucho tiempo vivía una familia acomodada que tenía una hija pequeña y varias criadas a su servicio.

Una noche mientras la niña dormía escuchó unos ruidos en el pasillo, abrió lentamente la puerta de su cuarto para mirar el pasillo que comunicaba los cuartos, enormemente largo y oscuro, lleno de cuadros y enlosado. Al final del pasillo la niña vio lo que parecía un niño de su edad levantando una de las losetas y metiendo algo dentro de un hueco en el suelo. La niña no podía creerlo, lo que vio relucir en la mano del muchacho al pasar por la tenue luz que entraba por la ventana eran monedas de oro.

Cuando el niño se fue salió y se dirigió hacia allí; entonces apareció una de las criadas con una vela enorme que también había visto lo que había pasado y quería sacar partido. Decidieron que no dirían nada a nadie, todas las noches se acercarían y con la ayuda de la luz de la vela levantarían la loseta y sacarían las monedas hasta acabarlas. 

Todas las noches la niña, que por su tamaño cabía dentro, se metía en el hueco bajo la loseta e iba dando monedas a la criada, quien las iba guardando en un enorme saco. Una noche en medio de su labor la vela comenzó a parpadear haciendo amagos de apagarse, la criada le dijo a la niña que saliera del hueco, que ya tenían dinero de sobra. 

La niña le hizo caso y abandonó el escondrijo, pero en el último momento una moneda cayó del saco al hueco y, en un acto de avaricia y sin pensárselo siquiera, la muchacha se metió de nuevo en el hueco.

La criada intentó agarrarla pero no pudo, mientras le gritaba que por favor saliera de allí y dejara la moneda, pero en medio de ese griterío la vela terminó de apagarse. En el momento justo en que el último rayo de luz salió de la vela la loseta se cerró ante los ojos de la criada dejando a la niña dentro. La criada decidió no decir nada a nadie, los padres dieron a la niña por desaparecida y el tema se fue olvidando con el tiempo.

Pero aún en la actualidad dentro de esa casa se siguen oyendo por las noches los gritos de auxilio de la niña que repiten noche tras noche en el pasillo “Por favor…socorro…sacadme de aquí…”.

Relatos desde la Morgue

Cuando llegue por primera vez a esa morgue, sentía que había algo y que no era normal, en mi vida había trabajado en tantos lugares y ...

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