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sábado, diciembre 12, 2020

Noche de Terror

 


Conducía muy tranquilo y alegre por la carretera Sur, rumbo a San Gregorio, pueblito simpático enmarcado al interior de la cordillera. Cantaba porque todo me había resultado bien en el transporte de carga; mi camión corría a las mil maravillas por los caminos hermosos del sur de Chile.

Este último viaje que estaba realizando significaba que estaría libre por muchos días, lo suficiente para estar con la familia, salir con los niños, hacerle cariñitos a la patrona, tú me entiendes.

Cantaba cuando... ¡Bum!, algo había pasado, el neumático delantero reventó, ¡Dios! Apenas pude controlar la dirección. Lo cambié y seguí mi viaje, todo iba muy bien, cuando ¡Bum!, ¡No puede ser! Ahora sí que estoy jodido, no tengo repuesto. ¿Qué haré? Pensaba rápidamente, no podía quedarme en la carretera. Remotamente me acordaba de un caserío que me habían dicho que quedaba por estos lados. Busqué y rebusqué por largas horas hasta que di con el lugar.

Me ubiqué con el camión a la entrada de este pueblucho de mal aspecto. Comencé a caminar con cautela, era un desconocido, afortunadamente no habían perros, me pareció rarísimo no ver ningún perro o gato en el camino.

No encontré gente para conversar, pero sí una cantina o lugar semejante. Entré dispuesto a relacionarme con alguien que me ayudara. Eran gente fuera de lo común, de aspecto raro, poco comunicativa, que fastidio, no pude sacarles nada. Respondían con monosílabos.

Comenzaba a irritarme, decidí irme como pudiera, pero empezaba a anochecer. Encontré al dependiente del local y me pareció que podría lograr algo con él, tenía buen aspecto, tipo bonachón, simpático.

- ¡Hola, amigo, que tal! Necesito que me saque de un problema.

- Dígame no más, haré lo posible, contestó.

Le expliqué todo lo acontecido.

- Tenía que solucionarlo pronto, le dije.

Hoy por la noche no se puede, tiene que arreglárselas mañana, acá no hay locales de reparación.

- ¿Dónde puedo dormir?

Si tiene amistad puede dormir en alguna casa, no hay hoteles ni cosa parecida, la gente que está en el negocio se queda toda la noche y yo tengo que atenderla.

¡Mierda! Gente estúpida, no he conseguido sacarle nada.

Salí, dispuesto a dormir en el vehículo, me estaba acomodando en él cuando llegó otro carro tocando la bocina, algo pasaba y no me importaba, estaba abrumado con mis cosas, me dormí pensando en el mañana.

¡Rayos! Algo pasaba, todo estaba oscuro, negro, no se veía nada. Busqué mi linterna y enfoqué el lugar donde alguien gritaba desaforadamente. Estaban golpeando a una persona, la tenían entre varios y la sangre corría por el cuerpo de la victima, ¡Dios mío! Se la estaban comiendo, sangre por todas partes, chorreando por la boca sedienta de individuos brutales comiendo como animales.

¿Quiénes eran estos monstruos? ¿Cómo podían ser capaces de hacer algo así?

Y yo en medio de esta carnicería. Con lo aterrado que estaba no atinaba a nada, ya no podía hacer nada por ayudar, todo estaba concluido. Empecé a buscar como defenderme, todo podía suceder. La llave inglesa, la llave rueda, destornilladores, ¡Maldición! Nada contundente, mi navaja podría servir.

Eché a andar el vehículo, tenía que largarme, los focos me indicaban el camino. Los desgraciados me habían destrozado los neumáticos y estaban apareciendo por todas partes, las luces me indicaban su presencia, estaba rodeado. Sudaba por todas partes, el miedo me invadía. Una piedra destrozó el parabrisas y una mano apareció tratando de agarrarme, era el cantinero que mandaba esa manada hambrienta; le corté el brazo con mi navaja y la sangre saltó por todas partes.

Ni los perros rabiosos y hambrientos podían igualarse a estas bestias humanas, sacaron al cantinero que gritaba de dolor, se lo llevaron entre todos. Se lo llevaban no para protegerlo o ayudarlo, se lo estaban comiendo también.

La locura me invadió, eché a andar el vehículo, lo enfilé hacia sus malditas casas. El camión es grande y pesado, lleno de carga. Gritando eché abajo la maldita cantina con todo lo que se interponía en mi camino; los neumáticos que estaban aún buenos me respondían satisfactoriamente. Mientras los energúmenos se satisfacían con su victima bajé y saqué un bidón con gasolina, la esparcí por las casas y le prendí fuego.

Todo era terrorífico, las llamas iluminaban la escena canivalesca. Lancé el camión dispuesto a eliminar esta lacra, estaba eufórico, ya nada me detenía, los cuerpos saltaban por el aire, atropellados, machacados. No me seguían, estaban atareados con los cuerpos de sus compañeros, salí de ese lugar maldito y llegué nuevamente a la carretera.

Seguí durante horas como pude con el camión, hasta que la fatiga me venció y el sueño vino a reconfortarme de la pesadilla sufrida. Desperté asustado, mirando a todos lados, la visión fantasmagórica estaba presente en mí. Me calmé, la alegría afloró cuando vi pasar vehículos en todas direcciones.

Marqué mi casa con mi celular, temblando de emoción.

- Jocelyne, estoy en camino, he tenido unos problemitas, pero los estoy solucionando.

- ¿Qué problemas? Marco, dime donde estás.

- En San Gregorio, problemas de neumáticos, tú sabes.

Más tranquilo instalé mi CD favorito y quedé escuchando la música mientras esperaba que vinieran a cambiarme los neumáticos, canturreaba nerviosamente mientras pasaba el tiempo lentamente. Me incorporé tratando de escuchar el ruido de motores que se acercaban.

- Parece que llegan con los repuestos, me dije interiormente, aliviado por la tensión sufrida.

Ya era hora de salir de este maldito lugar.

Saludé alegremente la llegada de los mecánicos, que al acercarse me respondieron con un gruñido; esperé pacientemente que terminaran su trabajo.

¿Qué pasaba ahora?

El camión se movía violentamente amenazando volcarse y yo en la cabina tratando de salir lo más rápido posible. Sentí un fuerte golpe y un horrible tirón; salí despedido por la puerta, con todo hacia afuera.

Grité, un miedo espeluznante me invadía. Nadie me escuchaba, estaban zamarreándome y tirando de todos lados...

¡Papá, papá! ¿Qué te pasa? ¡Despierta!

Estaba llorando, mirando para todos lados. Me abracé con mi hija tratando de hilvanar palabras para decirle que mi viaje afortunadamente había terminado.

sábado, junio 20, 2020

Richard Kuklinski


Richard Kuklinski nació el 11 de abril de 1935, en Nueva Jersey en Estados Unidos. Su infancia estuvo rodeada de problemas, incluyendo las palizas brutales a las cuales le sometía su propio padre, que era un alcohólico empedernido. Su hermano mayor tampoco era un buen ejemplo para él, ya que violó a una niña de 12 años, a la cual posteriormente tiró desde lo alto de una torre junto a su perro. Por este acto fue condenado a cadena perpetua.

Está claro, pues, que en este ambiente el pequeño Richard iba encaminado a ser un desastre en el día de mañana y, por supuesto, así fue... Cumplía con otro de los denominadores comunes de muchos psicokillers, el de maltratar y matar animales domésticos, con los cuales sacaba toda su furia y su rabia contenida a flote, como si de una mismísima mierda se tratara. Muchos gatos vivos acabaron en el horno que había en su casa para su deleite y disfrute...

Pero en el año 1949 las cosas fueron mucho más allá... Con 14 años recién cumplidos, quiso emular al desgraciado de su hermano, y para ello no dudó en probar las "mieles" de la sangre humana, tras asesinar a un joven de su misma edad de forma brutal. Para justificar su horrendo crimen, dijo simplemente que lo hizo "para proteger su territorio". Al parecer, el chaval pasaba por su calle a comprar el pan cada día, y a Richard esto le pareció un insulto, ya que de este modo estaba invadiendo su territorio. Una justificación totalmente absurda por parte de alguien que obviamente tiene las facultades mentales a la altura del betún...

Sin embargo, y cumpliendo con otro de los denominadores comunes clásicos de cualquier asesino en serie, en el año 1960 se casó con una mujer con la cual llegaría a tener 3 hijas. Es decir, este tipo de gente siempre quiere aparentar que llevan una vida de lo más normal, a pesar de ser unos sádicos sanguinarios matarifes. También por supuesto, debía buscarse un trabajo normal, para aparentar lo que no era, y para ello eligió a la industria del cine porno, lugar en el cual acabaría conociendo a varios miembros de los Gambino, con los cuales comenzó a traficar con varias películas pornográficas.

Una vez ya introducido por completo en la mafia italiana neoyorquina, fue "contratado" en principio, para el cobro de deudas a morosos. Poco tiempo después, y bajo la supervisión de su jefe de operaciones Roy DeMeo, él mismo, que era un asesino practicante también, enseñó a Richard como había que hacer para el cobro de deudas. Lamentablemente no era sólo llamar por teléfono como hacen algunas famosas entidades financieras, también se incluía el asesinato a sueldo.

La fórmula era bien sencilla: "Este tío me debe 20.000 dólares, yo te pago 2.000 dólares y lo matas. Como se que no me va a devolver la deuda, al menos lo paga con su vida".

Claro está que a nuestro amigo Richard esto de matar le encantaba, lo llevaba en la sangre, por lo que si encima le pagaban, el negocio era redondo. Hay que dejar claro que Richard no mataba por dinero, mataba por placer, aunque luego le venía bien el cheque, como no podía ser de otro modo...

DeMeo le propuso a Richard un macabro plan, que consistía en matar a alguien al azar, el primero que pasara por la calle, para que le demostrara que iba a ser un buen "currante" dentro de la mafia Gambino. Richard no lo dudó ni un solo instante, agarró un cuchillo de cocina y le asestó varias puñaladas en el pecho a un pobre hombre que paseaba con su perro por la calle. En aquel mismo instante, DeMeo pensó: "Este chico promete, estás contratado".

A partir de ahí, DeMeo y Kuklinski formaron una pareja absolutamente letal, que duró la friolera de 20 años, y en la cual más de 100 personas perecieron con sus actos abominables. Richard pasó de cobrar apenas 2.000 dólares por cada asesinato, a solicitar 50.000. Era para entendernos, una estrella en el mundo del crimen...

Por supuesto, Richard no podía permitir que la policía comenzara a sospechar de él, ya que entonces su negocio de sangre se acababa, por lo que compaginaba su atroz trabajo, con él de padre de familia ejemplar. Su propia mujer Bárbara definió a su familia, cuando Richard fue capturado por las autoridades, como "una familia normal típica de América".

Con la pasta que se sacaba "el hombre de hielo", compraron una lujosa mansión, en la cual la familia fue muy feliz. Pero, amigos y amigas, ¿realmente pensaban que Richard trataba bien a su esposa? Nada más lejos de la realidad... Todo era simplemente apariencia, la pobre mujer se reducía a una persona sumisa a las órdenes de su monstruoso marido, que al fin y al cabo era el que ponía la pasta en casa... En más de una ocasión y en más de dos, intentó asesinar a su mujer, de varias maneras diferentes. La primera fue una noche, en la cual intentó ahogarla con una almohada. Posteriormente, la amenazó encañonándola con una pistola; otra vez estuvo a punto de atropellarla con el coche familiar. Lo cierto es, que nunca la mató, quizás porque no quiso, nunca sabremos esto.

Cuando le preguntaban a Bárbara sobre estos intentos de asesinato por parte de su marido, ella siempre lo justificaba alegando que él mismo tenía estrés y estaba muy nervioso, y ella siempre acababa perdonándolo. Bárbara, sin duda, tenía aquello denominado como el "síndrome de Estocolmo".

El modus operandi de Richard consistía en varias formas de aniquilar a sus víctimas, aunque él siempre reconoció con total frialdad que su favorita era la de matar con un cuchillo, ya que decía "esto es algo más íntimo".

Tras muchos meses de "trabajo", descubrió una manera más fácil de matar a sus víctimas, de este modo conseguía minimizar las posibilidades de ser atrapado por la policía. Inventó un artilugio casero, un inhalador nasal que rellenaba con cianuro. Antes de probar su nueva herramienta de trabajo, tuvo que comprobar la eficacia de la misma, y totalmente gratis asesinó a un hombre al azar, al cual le hizo inhalar el cianuro: dicha persona falleció en tan solo 15 segundos. Richard descubrió, pues, la gallina de los huevos de oro, ya que gracias a un muerto por cada 15 segundos, sus dividendos iban a aumentar sin duda.

Con el paso del tiempo, su sed de sangre pasó prácticamente a un segundo plano, y eso de ganar "dinero fácil" como que le comenzó a gustar... Por cierto, ¿sabéis qué decía sobre su nuevo invento?

"Lo importante siempre es sorprender a tu objetivo y aplicar la solución correctamente en su cara. Así, todo el mundo creerá que ha muerto de un infarto".

Hay que decir que esto del cianuro era una de las formas que encontró más fáciles para matar y más rápidas, aunque él mismo reconocía que era muy aburrido, ya que la víctima apenas sufría. No dudaba para hacer sufrir a sus víctimas, la utilización de otros instrumentos, como por ejemplo un mazo o un picahielos. Su apodo de "hombre de hielo" tiene también su origen...

Le llamaban así, ya que congelaba los cuerpos de algunas de sus víctimas en el camión de helados de otro delincuente vinculado a la mafia italiana y de apellido Pongray. Mantenía los cuerpos de las víctimas completamente congelados durante meses e incluso años. Esto también, según dicen, lo hacía para despistar a los investigadores, ya que cuando encontraban los cuerpos congelados en estos camiones se pensaban que las personas habían fallecido allí congeladas, y que llevaban pocas horas en el interior de los vehículos, cuando en realidad llevaban muchas semanas.

Tiempo después, cuando ya estaba cumpliendo condena, Richard reconoció a la cadena de televisión americana HBO, que una de las cosas que más le gustó fue su apodo "El Hombre de Hielo".

En el año 1986, a Richard se le acabó su negocio de sangre, carne y dinero, tras ser atrapado como una rata por la policía neoyorquina. La familia se quedó atónita, sobre todo sus 3 hijas, que no daban crédito de los cargos que le imputaban a su padre.

En principio, fue acusado de tan solo 5 cargos de asesinato en primer grado, aunque él, ni corto ni perezoso, ya que le gustaba mucho llamar la atención (algo que reúnen casi todos los psicokillers), reconoció haber matado entre 100 y 200 personas en toda su carrera como asesino por encargo, y a veces no tan por encargo. Los psicólogos y psiquiatras, que analizaron la conducta de este hombre, dijeron todos en total acuerdo que "a veces lo mejor es no penetrar en ciertas mentes", ya que realmente no daban crédito ante la personalidad de este tipo, que además tenía un ego de dimensiones dantescas.

Se realizó el correspondiente juicio, en el cual le juzgaron por todo lo hecho y demostrado conjuntamente, condenado a dos cadenas perpetuas en el año 1988.

Falleció en el 2006, en la prisión de Trenton por causas naturales.

sábado, marzo 28, 2020

El Dios Muerto


El mundo ha estado buscando a Dios desde hace miles de años, pero nunca lo ha encontrado. Con los avances científicos y las investigaciones hechas por arqueólogos, historiadores, filólogos y otros tipos de especialistas, los fundamentos históricos de las grandes religiones fueron demolidos en gran medida, y con ello la fe en los textos revelados (cuya distorsión, carácter inventado o falsedad histórica fueron comprobadas en muchos casos) disminuyó de una manera nunca antes vista, dando lugar a una abrumadora reducción de los seguidores de las antiguas religiones. Paralelamente, fueron surgiendo nuevas orientaciones religiosas, basadas más en concepciones filosóficas.

De las realidades espirituales que en textos revelados, orientaciones religiosas que en muchos casos, quizá siguiendo lo que podría catalogarse como “moda espiritual” y “actitud intelectual sintomática de las nuevas sociedades”, terminaron adoptando como nueva fuente de revelación a cuantos resultados arrojaban las investigaciones y los experimentos científicos orientados al tema de Dios y otros asuntos espirituales que, según se admitía comúnmente en la mentalidad de la época, tenían sus reflejos o expresiones en la dimensión de materia-energía que la Ciencia podía explorar, y a la cual encontraba cada vez más compleja dado que, entre otras cosas, se habían descubierto nuevas partículas, y aquello naturalmente fortaleció la intuición de que probablemente el alma no era sino una entidad compuesta por partículas que aún no se descubrían, y que quizá eran originarias o simplemente interactuaban con otras dimensiones o con esos universos desconocidos a los que iban las partículas que, en las observaciones de la Física Cuántica, aparecían y desaparecían del espacio-tiempo…

Hasta aquí todo parecería un panorama esperanzador, pero el paso del tiempo mostró que, las indagaciones científicas en torno a lo espiritual, estaban siendo claramente infructíferas, por decir lo menos… Todavía no existían evidencias contundentes de un cuerpo energético que pudiera equipararse a la idea del alma, y los frustrados científicos de la reducida cristiandad (y del Islam, que ya no era extremista para esa época) no habían podido encontrar nada que sugiriese un Cielo o Infierno… 

En este contexto, en a finales del siglo 22 nació, cual digna hija de la Madre Decepción, la esplendorosa y siniestra Iglesia Necrótica: un culto pesimista, derrotista, que hacía suyo el “Dios ha muerto” de Nietzche, aunque dándole un sentido distinto y fatalista, de carácter teológico antes que filosófico, un sentido que permitía entender la frase de Nietzche como “Dios nunca estuvo vivo”. ¿Una iglesia atea? No exactamente, ya que una de las creencias fundamentales de la Iglesia Necrótica era que en general los individuos tenían, cual si fuese algo codificado en su condición humana, la necesidad de tener un Dios al cual adorar, necesidad que debía satisfacerse a toda costa, contra viento y marea, incluso si eso conllevaba hacer lo que este nuevo culto había hecho: adorar a un Dios que, de alguna (o algunas, para ser más preciso) manera, estaba muerto…

La Iglesia Necrótica creció a una velocidad alarmante en los 40 años que siguieron a su fundación, y no se diga después, ya que en el 2280 el 95% de las sociedades occidentales pertenecían a esta iglesia, y en Oriente, que ya admitía la libertad religiosa en la práctica y no solo en teoría, sus afiliados eran casi el 50%, frente a un Islam y un Hinduismo cada vez más famélicos, y un Budismo que, a la par que tenía menos seguidores, había sabido acomodarse adecuadamente a los cambios, ya que siempre fue la más filosófica de las religiones antiguas. Quizá, una de las cosas que más fuertes hacía a la Iglesia Necrótica, era la gran apertura de creencia que dejaba a sus miembros, cuya unión descansaba más sobre la desesperanza y la frustración espiritual que sobre creencias puntuales compartidas. 

De este modo, lo único indispensable para pertenecer a la Iglesia eran dos condiciones: 
1) Dios tenía que “estar muerto” para ti, de una u otra manera, y 2) Tenías que necesitar a Dios en tu vida, que desear su presencia, que adorarlo; pero, como a su vez estaba “muerto”, ese Dios necesitado, deseado y adorado por ti, habría de ser irremisiblemente un Dios que “estaba muerto” en el sentido o los sentidos que le dabas a la expresión. Así, las interpretaciones eran diversas, pero podemos citar estos ejemplos de los significados que se daba a la “muerte de Dios”: 

1) Dios nunca existió, y en consecuencia se adora a un ente simbólico e imaginario, que de alguna manera representa esa necesidad de un padre de la que habló Sigmund Freud, 2) Dios es solo una ilusión perceptiva que el cerebro desarrolló para protegernos (psicológicamente) y que se expresa en el sentimiento y la intuición de que hay un ser absoluto y perfecto (perfecto en concordancia a nuestras necesidades emocionales) afuera y adentro de nosotros, 3) Dios es solo una forma sutil de energía universal que hemos divinizado porque se vincula a cosas que nos parecen superiores y porque todavía desconocemos cuál es su naturaleza exacta, 4) Dios es el aspecto más profundo de la psique humana, y tiene una naturaleza que todavía se desconoce en gran parte y, a la vez, es de tal condición que permite fenómenos parasicológicos y nos une a todos nosotros energéticamente, por lo cual induce la ilusión perceptiva de que constituye otro dentro de nosotros, siendo que, a su vez, extrapolamos a ese otro en la realidad exterior, diciendo que “Dios está en todas partes”, 5) Dios existe, pero no podemos saber cómo es, está más allá de lo que para nosotros es el bien y el mal, y es ajeno a nosotros, está ausente, sea porque no quiere interactuar o porque su naturaleza no se lo permite o hace que aquello le sea indiferente, ya que este Dios no necesariamente creó el universo, no necesariamente tiene sentimientos, y no es omnipotente, no es omnisciente en el sentido convencional, y no necesariamente está en todas partes, siendo que puede ser llamado “Dios” solo porque es trascendente y absoluto de algún modo, y porque también, de una manera que casi seguramente lo excluye de la categoría de persona y por tanto de la posibilidad de ser un “Dios-persona” (con voluntad, deseos, acciones, planes para nosotros o el universo, etcétera), participa de la condición de mente o, por lo menos, de la condición de “conciencia”. 

Ahora bien, como han de imaginar, dentro de la Iglesia Necrótica hay muchos que creen que “Dios está muerto” en la última manera (la número 5), y dentro de ese grupo está gran parte de los investigadores científicos que todavía buscan evidencias de Dios.

En cuanto a mi experiencia personal, yo he estado en cultos de la Iglesia Necrótica (sin pertenecer realmente) y son indudablemente macabros, “blasfemos” según el decir de esos cristianos que tanto abundaban a inicios del siglo XXI. Verán, en todos los templos ordinarios tienen una representación (una escultura) del cadáver de Dios, que es de metal, mide en promedio entre 2 y 3 metros de altura, y es hecha en concordancia con las creencias mayoritarias que tienen los feligreses iniciales (del templo en cuestión) sobre qué atributos visuales simbolizan mejor al “Dios muerto”. 

Entretanto, en las catedrales se sigue el mismo procedimiento, pero la escultura —las esculturas son vacías por dentro, para ahorrar dinero y representar el vacío inherente a los desarrollos de la idea de Dios en la historia de las religiones convencionales— mide entre 6 y 7 metros de altura, y además está cubierta por una capa de 2 centímetros de espesor, hecha con una sustancia hecha a base de huesos humanos molidos (de miembros que aceptaron en vida donar sus cadáveres a la Iglesia Necrótica) y un material descubierto en el 2105. Bien, esas estatuas de las catedrales son casi siempre horrendas, y en cada misa les rocían baldes de sangre fresca, que siempre tiene que ser de oveja blanca, y que la Iglesia Necrótica consigue en abundancia porque tiene acuerdos comerciales con los criadores de ovejas, que les guardan la sangre de los animales blancos (hay inspectores que cuidan que sean blancas las ovejas-fuente) cuando hacen matanzas para vender la carne de aquellas criaturas.

Tal vez esto huela a ritual satánico, pero no es nada en comparación con el magnífico espectáculo que brinda la Catedral de Carne, un magnífico templo que sirve como sede del Conclave Necrótico y del Maestro Supremo (jefe mundial del culto). Y es que la Catedral de Carne es un templo esplendoroso, completamente cubierto, en su exterior, por músculos humanos y ojos finamente incrustados entre los músculos, todo perfectamente acomodado y conservado dentro de una translúcida sustancia (mejor que el formol) hospedada al interior de una capa de vidrio blindado de 5 centímetros, que recubre por completo aquella enorme pirámide metálica, en cuyo interior hay tubos transparentes que recubren el techo y las paredes, imitando la forma de las venas y bombeando sangre humana (donada por miembros de la Iglesia Necrótica) cada hora del día y de la noche, dentro de aquel macabro templo cuya representación del “Dios Muerto” es una bestia de hueso (esa sustancia con hueso molido) que está muriendo, que mide unos 25 metros de alto, tiene varios brazos con manos grotescas, y muchas bocas y ojos que representan su omnisciencia…

24 de agosto del año 2322

Yo nací cuando ya la Luna y Marte habían sido colonizados, me formé como científico en diversas ramas, y para el 24 de agosto del 2322 todavía vivía en la Tierra, donde había desarrollado la mayor parte de mi labor investigativa, que giraba principalmente en torno a la pregunta de “¿dónde está Dios?”. Así, el 24 de agosto del 2322, yo llamé a mi amigo, el Dr Styrr (un científico usar), quien era, junto conmigo, una de las pocas personas que se negaban a creer en la muerte de Dios.

— Buenos días, ojalá hayas descansado, hermano ―le dije yo, saludándolo.

— Disculpa que vaya al grano… ¿has estado observando esa línea?, ¿has visto lo irregular que resultan sus patrones para la galaxia en que se encuentra?

— No… La verdad es que no he visto nada raro… ¿Qué pasa con esa línea?

— No estamos solos… No te diré más por ahora: nos vemos en la oficina en una hora, hablamos.

— Vale, ¡ojalá sea algo grande!

La llamada me hizo sentir una felicidad que no había experimentado en mucho tiempo. Era reconfortante saber que todavía otros científicos creían que Dios vivía y debíamos seguir buscándolo. Y es que no lo he dicho, pero eso de “nos vemos en la oficina” se refería a la reunión por webcam que yo, Styrr y muchos otros científicos habríamos de tener. Era fascinante: todos creíamos que Dios vivía, solo que, al final de la reunión, nos enfrentamos al problema de que el pensamiento del grupo se dividía en dos líneas. La primera línea planteaba que Dios existía dentro de nosotros (como un ser real, no como una ilusión perceptiva o un simple aspecto interno), y que era allí donde había que buscarlo; entretanto, la otra línea planteaba que Dios existía afuera, pero solo en el Cielo se hacía lo suficientemente patente para ser conocido, aunque el Cielo, según los defensores de esta línea, estaba o se manifestaba dentro de nuestro universo. 

En consecuencia, unos creían que era necesario experimentar con humanos, mientras que otros pensaban que se requería trabajar más en nuestra observación del cosmos. Por mi parte, era previsible que me decantase a favor del segundo grupo. Lo que me desconcertó y desmotivó fue que Styrr se unió al primer grupo; pero, sin embargo, conservé la esperanza de que los equipos mantuviesen buenas relaciones. Todo esto sucedió hace unos 6 años previos al año en que estoy escribiendo estas líneas.

12 de julio del 2328

Las investigaciones no han salido demasiado bien y nuestros fondos han sido insuficientes, por lo que no sorprende que más de la mitad del grupo (contando ambos bandos) haya desertado y se haya unido a la Iglesia Necrótica. Necesitamos esperanza, la hemos necesitado siempre, pero tal parece que a Dios no le importa que vivamos buscándolo y que perezcamos sin haber satisfecho por lo menos algo nuestra noble búsqueda de evidencias a favor de su existencia. Yo aguanté, pero otros no: ellos simplemente perdieron la esperanza. Ahora he estado revisando mi correo, y resulta que curiosamente me encontré un mail de mi amigo Styrr, con un informe adjuntado, informe que al parecer se refiere a los resultados de los experimentos hechos por su grupo.

Experimento VXV con SFG

He aquí lo que Styrr me puso en el informe sobre los experimentos de su grupo efectuados en humanos:

Dr. Styrr

Yo acepté la propuesta de mi amigo y un par de días después nos encontramos en un restaurante pequeño donde era casi imposible que se infiltrasen espías. Cuando lo vi, Styrr estaba pálido, se veía estresado, algo andaba mal en él.

Al preguntarle si estaba bien, mi amigo empezó a asentir con la cabeza repetidas veces, suspiró profundamente, se desparramó en la silla cual si fuera un borracho con sueño, abrió los ojos como un loco, y después se quedó viendo hacia arriba, mientras un hilito de sangre le chorreó de la boca abierta…

Yo me aterré y me le acerqué velozmente, pero de pronto volvió en sí, tosió un poco de sangre, y me agarró la cabeza mirándome a los ojos, de tal forma que parecía esforzarse en convencerse de que todo eso no era un simple sueño.

— Por favor, siéntate, tenemos mucho de qué hablar ―dijo Styrr, con la voz quebrada.

— Styrr, ¿qué te ocurre? Acabas de toser sangre, hombre, ¡toser sangre!

— Robert, Robert… Tú sabes que no te di el informe completo del experimento y la verdad es que quizá nunca lo haga. Queda poco tiempo, necesito que me escuches, ¿vale?

— Claro, te escucho, di todo lo que puedas.

— Bueno, verás, todo empezó cuando nos dimos cuenta de que el uso de espectroscopios SFG no estaba dándonos datos adecuados y suficientes. Entonces, algunos del grupo se ofrecieron como voluntarios para una versión menos extrema del experimento. Inicialmente no obtuvimos buenos resultados, pero la quinta vez algo pasó con el dolor. Tú ya sabes que antes de eso escuchábamos dentro de los sujetos esos gritos extraños sin fuente aparente, y para aquel momento los gritos seguían produciéndose. Bueno, yo personalmente los había oído también, y me había ofrecido de voluntario. Bien, lo escalofriante fue que los gritos extraños estaban comenzando a volverse más fuertes y todo cobraba sentido, al menos para mí y aquellos en quienes se producían los gritos, porque nosotros podíamos sentir que algo estaba tomando el control, aunque las máquinas no pudieran registrar nada relativo a eso. De todas formas yo tuve miedo y ya no me ofrecí de voluntario para el sexto experimento, pues quizá no estuviese hablando contigo si ese hubiese sido el caso… Robert, Robert, entiéndeme: algo terminará saliendo de mí… ―dijo Styrr con la voz quebrada, antes de suspirar y quedarse quieto mirándome, mientras le resbalaban varias lágrimas por las mejillas…

— Amigo… Estás muy mal, tienes que… ―aquí paré porque me interrumpió.

— ¡Tienes que ir!, ¡tienes que ir!, ¿y qué le gustaría comer?, ¡señor! —dijo Styrr fuera de sí tras interrumpirme, con los ojos en blanco, vueltos hacia atrás como un poseído…

Eso de los ojos en blanco fue lo último que aguanté, porque en ese momento sentí que mi vida corría peligro, y escapé corriendo a toda velocidad, escuchando tras de mí unos gritos aterradores, semejantes a los que me describió Styrr cuando habló de los experimentos. Lamentablemente no pude correr mucho, porque a la salida del restaurante (yo estaba en el piso de arriba) me encontré con un grupo de guardias…

“¿Qué ha visto?”, “¿Estuvo violento Styrr?”, “¿Qué le dijo Styrr?”: con esas y otras preguntas me hostigaron los guardias, y después se llevaron a mi amigo, que ya había vuelto en sí y estaba siendo sujetado, llevado a la fuerza a una pequeña nave-patrulla, mientras lloraba y clamaba libertad. “¡No! ¡Ya no puedo soportar más el dolor! ¡Tengan piedad de mí! Dios, ¿dónde estás? ¡Ahora es que te necesito! ¡Resucita!, ¡aparece, cadáver omnipresente! ¡Robert, Robert: ayúdame por favor, sálvame!”. Yo pude haberlo ayudado pero tuve miedo, demasiado miedo: lo traicioné, le di la espalda, le fallé. Nunca me perdonaré…

Después de que Robert se fue, me senté y lloré hasta que vino un científico que parecía importante. Entonces un guardia intentó fastidiar, pero el científico le ordenó que nos dejase en paz. Me di cuenta que era de los científicos que aún creían en Dios, y que era parte del equipo detrás de los experimentos que hicieron enloquecer a mi amigo. 

Según me dijo, tendría la consideración de decirme lo que no podía decir a casi nadie, sobre todo a civiles. A saber, sencillamente me informó que Styrr había perdido la cordura debido al dolor físico y a la angustia emocional que comportaban los experimentos, y también me dijo que yo y mi grupo podíamos seguir tranquilos buscando a Dios en el cosmos, pues quizá pronto acabaríamos encontrando “algún planeta con la barba de Cristo” (esto lo dijo burlándose, el muy hijo de…).

¿Realmente era cierto lo que me dijo el científico? ¿Seguiría vivo Styrr? ¿Lo volverían a usar en experimentos en contra de su voluntad? ¿Había enloquecido solo por los experimentos o había algo más? Y finalmente, y más que todo: ¿acaso los experimentos tenían algo tan siniestro que Styrr no podía y no quería decirlo y yo estoy todavía lejos de imaginarlo? Desde el día en que se llevaron a Styrr, nunca más volví a saber de él, y aún no sé si vive o no…

09 de septiembre del año 2328

Jamás olvidaré lo que ha pasado hoy, que es el día en que he escrito todas estas líneas, refiriéndome a hechos anteriores para que entiendan a la perfección la magnitud de lo que pronto les revelaré. ¡Maldita sea, maldita sea! Este día me ha marcado profundamente: si “eso” que vieron era Dios, yo no sé cuánto tarde en perdonarlo, en dejar mi resentimiento, mi blasfemo resentimiento… Si no es Dios, pues mucho mejor, aunque creo que entonces tendría que pensar que se trata del Diablo o de alguna forma de vida sumamente poderosa y sutil, una especie de super-mente. Pero no: yo sé que ese era Dios, me lo dice la intuición. Bueno, en todo caso iré al punto:

Hoy, tras años de esfuerzo, se estrenó el observatorio con los nuevos telescopios, unos telescopios que tardaron mucho en ser desarrollados, que costaron tanto que solo el Estado (al cual convencimos con gran esfuerzo) pudo pagarlo, unos telescopios especializados en detectar anomalías, y con un alcance jamás visto en telescopios anteriores. ¿Saben qué pasó? Fue indignante, fue atroz, fue… un acto con la crueldad propia de un Dios que no conoce la compasión…

El observatorio se abrió a las 3 de la tarde, y cinco de nuestros científicos se pusieron a trabajar intensamente, hasta que a las 7 de la noche recibimos una llamada en la central: “¡lo hemos encontrado, lo hemos encontrado! ¡El rostro de Dios! ¡Los patrones, los patrones, nunca se han visto patrones así! ¡Hay una mente, los patrones son organizados, fluyen, se comportan como si hubiera una mente atrás de ellos!”. Al oír esas palabras, todos nos miramos con la boca abierta. 

Era evidente que el emisor no mentía, pues hasta tenía la respiración agitada de la emoción y se oía a sus compañeros asentir. Sin embargo, apenas les dijimos que envíen la transmisión en vivo de lo que estaban viendo (no habíamos hecho eso antes para no distraerlos), escuchamos un ruido estrepitoso como del suelo abriéndose, e inmediatamente se escucharon destrozos y la comunicación se cortó…

Media hora después de que la comunicación se cortase, llegamos al lugar y encontramos el observatorio reducido a ruinas, con todos los científicos muertos y los telescopios destrozados. Yo nunca creí en la Biblia, pero por curiosidad la estudié y en ese momento, cual relámpago que cae sobre el árbol y lo incendia, acudieron a mi mente aquellas palabras que supuestamente Dios dijo a Moisés, después de que éste le pidiera que se dejase ver y Él accedió diciendo:‹‹pero te advierto que no podrás ver mi rostro, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo›› (Éxodo 33, 20).

sábado, marzo 07, 2020

Los niños de los Ojos Negros


Los Niños de Ojos Negros son descritos como personas jóvenes, casi siempre niños; con ojos de un color negro absoluto y sin diferenciación entre la escalera, la pupila o el iris. Los diversos reportes de encuentros con estos seres alrededor del mundo coinciden en una sola cosa: que los niños son rodeados por un aura casi sobrenatural y siempre peligrosa. 

A veces los reportes hablan de un encuentro con uno o dos, siempre descritos como niños confiados y elocuentes que intentan persuadir a la víctima para que los deje entrar a su hogar para usar el teléfono, para descansar o un sinfín de excusas más; incluso hay historias en las cuales "piden'"ser acompañados o que se les de un aventón a casa". La víctima entonces comienza a estar de acuerdo con sus peticiones, aún si aparecen algo perturbadoras; o al menos hasta que notan que los ojos de los niños son completamente negros.

Y si es que el niño se da cuenta de que la víctima lo ha notado, comienzan a actuar de forma enojada e insistente; al grado que algunos testigos creen que los niños pueden estar usando alguna especie de control mental de bajo nivel para obligarlos a acceder, o que de alguna forma tienen habilidades hipnóticas.

No existe una descripción o un concenso de qué puedan ser, o que explique el porqué el color de los ojos; y las múltiples teorías van desde fantasmas, demonios, vampiros e incluso alienígenas que buscan aparecer 'comunes' ante sus víctimas (similar a la descripción de Slenderman y su apariencia básica); pero todos los testigos están de acuerdo en que los niños de alguna forma buscan acceder a una casa o vehículo, y que son incapaces de entrar por su cuenta (compárese con algunas leyendas de vampiros).

El origen de la leyenda data del 16 de enero de 1998, publicada por el periodista Brian Bethel en una página web que trataba sobre encuentros paranormales

Qué sería de un thriller o película de miedo sin que algún psicópata o poseído demoníacamente aparezca con los ojos desorbitados o de otro color. Pero como suele decirse, la realidad siempre supera la ficción y son varios los relatos que se acumulan en Internet desde la década de 1990 sobre la aparición de jóvenes de entre nueve y 17 años con los ojos negros, algunas veces llamados ‘Bek’. El más elocuente de ellos corresponde a lo vivido por el periodista estadounidense Brian Bethel el 16 de enero de 1998. A continuación, una versión acortada en primera persona de lo que experimentó:

“Era de noche, recordé que adeudaba la cuota mensual de Internet y para evitar un indeseado corte, decidí ir al centro comercial donde la empresa tenía un buzón para pagos fuera del horario comercial.

Al lado de la antigua sede de Camalott Communications, en Abiline, se hallaba un cine, que en ese momento proyecta Mortal Kombat, así que estacioné frente a la marquesina para aprovechar la luz y escribir el cheque, cuando de repente alguien golpeó la ventana del acompañante.

Volteé la cabeza y vi que había dos niños observándome. Era difícil determinar su edad exacta, pero tendrían entre 10 y 14 años. Pensé que me iban a pedir unas monedas e inesperadamente sentí pánico. (…) Fue algo indescriptible que nació desde lo más interno y primitivo de mi ser.

El chico más alto sonrió y eso me heló aún más la sangre. Sabía que algo no estaba bien, pero no sabía qué era. Por inercia bajé el cristal y pregunté qué necesitaban. El chico sonrió aún más y pude ver que sus dientes era muy, muy blancos.

‘Hola, señor, tenemos un problema’, respondió, mientras el otro chico permanecía mirándome fijo, en silencio. La voz era la de un joven, pero su dicción era calma, tal vez muy aplomada para su edad. Sentí ganas de irme, pero no puede evitar seguir oyéndolo. ‘Verá, mi amigo y yo queríamos ver la película, pero olvidamos nuestro dinero’, continuó. ‘Necesitamos ir a nuestra casa por él. ¿Nos llevaría?’

‘…Uh, bueno…’, fue lo mejor que pude decir. Aquí es donde la historia se vuelve más rara porque su compañero silencioso lo miró con una mezcla de confusión y culpa en el rostro. Parecía algo sorprendido porque no abrí la puerta de inmediato. El hablante me miró algo perturbado, como si supiera que estaba buscándoles algo raro. ‘Vamos, señor…’, dijo de nuevo, suave como la seda.

‘(…)¿Qué película quieren ver?’ pregunté finalmente. ‘Mortal Kombat, por supuesto’, contestó.‘Claro’, respondí y miré rápidamente la marquesina y el reloj en mi auto. La película había empezado una hora atrás y era la última función de la noche. Me interrumpió y dijo: ‘Vamos, señor… déjenos entrar. No podemos entrar hasta que nos deje (…). Solo déjenos entrar y nos iremos antes de que lo sepa. Iremos a la casa de nuestra madre’.

Me di cuenta de que mi mano estaba en la manija de la puerta, casi por abrirla, cuando la retiré de manera violenta por algo, por algo que me obligó a no mirar a los niños. Y cuando los miré nuevamente, cuando mi mente volvió en sí, vi por primera vez sus ojos. Eran negros como el carbón. Sin pupila y sin iris. Sólo dos orbes negros que reflejaban la luz roja y blanca de la marquesina.

El joven silencioso tenía una expresión de horror que parecía indicar dos cosas: ocurrió lo imposible y se dio cuenta. El mayor aparentó furia y reiteró: ‘Vamos, señor. No lo lastimaremos. Tiene que dejarnos entrar. No tenemos armas…’.

Esto me asustó a más no poder. Con ese tono prácticamente estaba diciéndome ¿No necesitamos un arma’. Elevó la voz y con palabras que mezclaban enojo y pánico dijo por última vez: ‘¡No podemos entrar si no nos… da… permiso!’. Ya tenía la mano sobre la palanca de cambio y arranqué en reversa a toda velocidad. Cuando volteé para verlos bien. Habían desaparecido.

En todos los años venideros, Bethel no volvió a vivir un hecho así y es al día de hoy que sostiene esta historia. ¿Qué le pasó esa noche? ¿Qué hubiera pasado si dejaba subir a esos niños a su coche? Una de las cosas que más atemoriza al periodista es que relatos como el suyo hay muchos.

Lo cierto es que no nadie sabe con exactitud quiénes son estos espeluznantes seres ni la razón del color de sus ojos. Las múltiples teorías apuntan a lo paranormal y hablan de fantasmas, demonios y vampiros.

Incluso, algunos se aventuran a afirmar que se trata de alienígenas. Pero en lo que todos los testigos coinciden es en que se trata de jóvenes que de alguna manera buscan ingresar a espacios privados -una casa, un vehículo-, incapaces de hacerlo si las personas que se encuentran en ellos les niegan el permiso para hacerlo.

Qué ha ocurrido con los que accedieron al pedido, nunca lo sabremos…

sábado, febrero 15, 2020

El Asesino del Zodíaco


Un asesino que jamás fue atrapado.

Sucedió hace más de 30 años, en la bahía de San Francisco: cuerpos de personas aparentemente al azar aparecían. No puedo afirmar con claridad cuándo comenzó a llamarse “El Asesino del Zodíaco”, pero deduzco gracias a varios relatos que se remontaría al cuarto crimen conocido -sólo se adjudica siete crímenes al Asesino del Zodíaco, no sé tiene pruebas concluyentes sobre más, pero se intuye que es así-, aunque el nombre de “Zodíaco” lo usó desde la primera víctima.

Décadas de investigación fueron en vano. Las fuerzas policiales, el Ministerio de Justicia de California, el servicio postal de EE.UU, e incluso el FBI, no pudieron determinar nada del asesino o asesina. Se tenía conocimiento de que esta persona cometía los crímenes debido a la serie de cartas que llegaban a los diarios locales luego de cometer esto, y aunque se trataba de determinar la dirección de la carta, siempre llevaba a callejones sin salida, literalmente.

Entre 1966 y 1974 fueron enviadas las cartas, comenzando generalmente con una frase típica para presentarse: "Este es el Zodíaco que habla", firmadas luego por el “símbolo” o “insignia” –una cruz dentro de un círculo, saliendo de los límites de este.- Una forma de señalar sus víctimas era que dicho símbolo aparecía tatuado en sus frentes o en algún lugar cercano.

No obstante, California estuvo asustada durante dos años, en 1968 se tuvo noticias de este diabólico ser nuevamente. El 20 de octubre de 1968, David Faraday de 17 años y Betty Lou Jensen, de 16 años, fueron encontrados muertos luego de desaparecer una semana antes. Los encontraron en un camino rural, al este de Vallejo en California. Un pistolero nocturno –se presume que era el asesino, vestido para la ocasión- los encontró allí, haciendo las cosas típicas de adolescentes. Disparó una vez a Faraday en el cráneo, una muerte instantánea y luego a Jensen, de cinco disparos en la espalda, a cinco metros de Faraday; el arma fue una pistola automática calibre 22. 

No obstante, se deduce debido al estado putrefacto de los cuerpos que fueron asesinados mucho antes, una semana antes, y el asesino simplemente los guardó como “trofeos” para luego desecharlos. Este fue el único caso donde no se encontró el signo por ninguna parte. La carta para anunciar las muertes llegó a cuatro días del descubrimiento de los cuerpos: Es una pena que el amor juvenil perezca tan pronto. Nadie sabía que Faraday y Jensen eran pareja.Fue Clara “Cherry” Foreman la desafortunada; susto mortal seguido de un infarto, que le causó la muerte. No obstante, esto fue difícil de determinar debido al estado del cuerpo; brutalmente mutilado. El Asesino del Zodíaco esta vez escribió: “Cherry” no es la primera obra, críticos de azul, y créanme, tampoco la última. Habrá más.

Un año después, se encontraron dos cuerpos más. Fue en este caso cuando el asesino envió una carta completa, relatando en forma de novela como sucedió el asesinato. Escrito en tercera persona, se los dejo aquí:

Era una oscura noche de julio de 1969. Un coche zumbaba por la ciudad, como una mosca. Michael Mageau de 19 se encontraba conduciendo, mientras que Darlene Ferrin de 20 en el asiento de acompañante.

-Creo que vi a alguien seguirnos desde la parada anterior -dijo Michael.

-No te preocupes - respondió Darlene-. Es sólo un motorista alcoholizado y estúpido.

Fue entonces cuando la tragedia comenzó. Un auto familiar se colocó junto al vehículo, y con un 9 mm, desató una lluvia de balas sobre ambos adultos. Michel sobrevivió la oleada, mientras que Darlene pereció de camino al hospital. Las patrullas de policía llegaron, incluso aunque no se realizó ninguna llamada de parte de las víctimas. Había sido advertido por una llamada anónima: "No llegue tarde, como con la pareja del año pasado".

Pese a haber sobrevivido, Michael, o lo que fue su cuerpo, fue encontrado junto a su cobertizo. Un rastro rojo se extendía desde la puerta trasera y el cobertizo, y dentro de este, una masa de carne, sin ojos, calcinada, y con varios de sus órganos en distintas partes –señalizados con carteles amarillos-, mientras que con sangre, en la pared enfrente de la puerta, se encontraba el símbolo. Aquel símbolo de muerte. El símbolo del Asesino del Zodíaco.

Curiosamente, Mageau había sobrevivido milagrosamente, y pocas horas después de que la carta fuera enviada, se encontró el cuerpo de Michael Mageau y la escena tal cual la describe la carta. Por su parte, Darlene había sido acosada por llamadas telefónicas anónimas y la visita de un extranjero antes de su muerte. Las llamadas generalmente decían El Zodíaco que habla dice que no debes ver las próximas estrellas, haciendo referencia a que moriría durante la noche, y que no podría ver la siguiente. El extranjero no fue identificado.

Un mes después, Zodíaco –llamado así cariñosamente- envió tres cartas más a los periódicos de la bahía, y cada una contenía números, que al multiplicarlo por dos daban como resultado la fecha de las próximas tres muertes. Las últimas cometidas por Zodíaco.

En una de las cartas escribió: Matar es un arte. Un arte que disfruto particularmente más que cualquier obra de arte o pieza musical. Aunque requiere mucho trabajo, y a veces es estresante. Debes encontrar los pinceles adecuados, los tintes que te obedecen toda la vida, y el modelo perfecto. Hoy en día es bastante complicado. Supongo que el arte no es tan sencillo como lo pensaba en un principio. Tiene más profundidad. Sí, eso es… el arte de matar es profundo.

El 7 de agosto envió una carta más, relatando esto;

Mis obras han retumbado por toda la ciudad, y eso me agrada. Algunos realizan meticulosos análisis de mis piezas sin descubrir nada característico. Dejo mi firma, sí, pero nadie la puede ver. Es por eso que decidí escribir esto. Amantes de mi arte, mi nombre es Charles Baker.

Lo que siguió de este párrafo fueron detalles del homicidio de Michael Mageau y Darlene Ferrin. Sin duda alguna, el nombre daba una gran pista; grande fue la sorpresa al ver que Charles Baker estaba desaparecido desde 1965.

A partir de ahora no daré más vuelta e iré directamente a los tres crímenes finales.

27 de septiembre de 1969. Bryan Hartnell y Cecilia, de 20 años cada uno, gozaban de una velada esplendida a la luz de la luna, junto a un estático lago. Fue entonces cuando entre los arboles surgió una figura encapuchada, presentándose como un artista que necesita nuevos modelos. Se acercó a Hartnell, al cual apuñaló con un cuchillo oculto en su bolsillo –pequeño, claro- cinco veces, y luego a Cecilia catorce veces. Usando el cuerpo de la dama, usó su sangre para escribir en la puerta del vehículo de Hartnell 12-10-1968 y 7-4-1969, fecha de asesinatos anteriores. También pintó con sangre su símbolo característico.

Una llamada anónima advirtió a la policía del homicidio, pero un pescador de la zona encontró los cuerpos antes. Bryan Hartnell había sobrevivido, pero desapareció poco después y al igual que Michael Mageau, se lo considera muerto.

En 1970 fue la última aparición confirmada del Asesino del Zodíaco. Kathleen Jones conducía junto con su hija cerca de California, en un desfiladero, para tomar unas vacaciones luego del divorcio con su esposo. Nuevamente aparece un motorista, quien le avisa que un neumático trasero se había desinflado y si seguía podía estrellarse y caer por el desfiladero.11 de octubre de 1969. Paul Stine, taxista de San Francisco, es asesinado por un extraño hombre vestido de gabardina. Nuevamente la 9 mm, y esta vez lo hizo en público. Testigos afirman que simplemente se fue caminando, sin más. La policía nuevamente recibió una llamada de advertencia, pero fue el final lo que dejó al mundo estático: No más arte de este tipo. Cambiaré mí método. Ahora todas mis obras parecerán casuales y nadie supondrá que fueron hechas por mí. ¿Cómo se las arreglarán los críticos para analizarlas?

Kathleen Jones bajó, y junto con la ayuda del extraño, reemplazaron la rueda. No obstante, apenas subió al vehículo, la rueda se salió de su lugar. El misterioso filántropo se ofreció a llevarlas al taller más cercano, y aceptó la oferta. Jamás volvieron a verlas. Se encontró el vehículo con el símbolo del Zodíaco, y una carta dentro que narraba cómo sucedieron los hechos.

Las cartas no se detuvieron. Una particular señala al Asesino del Zodíaco como un asesino en serie con más de 70 vidas cobradas.

Desde que cambié mi método se habla poco de mí. Mis obras ya no son reconocidas. Parecen que pasan inadvertidas para los críticos. Me pregunto cómo será su reacción al saber que he hecho más de 70 obras nuevas.

Al día de hoy, en siglo XXI, el caso sigue abierto.